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Acústica para camaleones. Primera parte

por RedactorTech

Por Francisco Domouso, arquitecto y Vicente Mestre, físico.  Ilustración: Andrés Abásolo

El objeto de estos breves textos es intentar mejorar la experiencia de la escucha musical en uno de los entornos más habituales del melómano: el salón de su casa

Recientemente, Norman Lebrecht recordaba que Mahler era amante de las salas de concierto rectangulares (cuánta razón tenía), que se traducen en acústicas más cerradas y menos flexibles. Esto recuerda, salvando las distancias, a prácticamente el 100% de los espacios domésticos donde escuchamos música. Es cierto que nuestros salones no suelen tener una gran superficie, ni una altura libre destacada, lo que se traduce en volúmenes pequeños. Pero si suelen ser espacios rectangulares (salvo maravillosas excepciones como Torres Blancas, en Madrid).

Como bien sabemos, para los buenos melómanos lo más importante y lo primero es la música y cómo se interpreta. Escuchamos música con cascos, en el coche, al aire libre, casi en cualquier lugar y con cualquier equipo (independientemente de su calidad de reproducción), y disfrutamos. Pero cuando llegamos a casa, en nuestro entorno, con nuestras cosas, nos gusta añadir a ese disfrute intrínseco de la música el disfrute auditivo, la caricia sonora. Queremos que la experiencia musical sea la más emocionante posible, saboreando la calidad de reproducción que nos ofrecen las grabaciones y los equipos actuales. Tener una sala dedicada solamente a la reproducción musical, con equipos de ensueño, no está al alcance de todos, pero disfrutar plenamente de la música sí.

Experiencia sonora en el salón

El salón de una vivienda es un espacio compartido por la familia, amueblado y decorado desde múltiples y legítimos gustos personales, donde habitualmente domina el confort visual frente a otros sentidos, como el del oído. Además, el salón es utilizado como espacio de ocio por otros dispositivos electrónicos y generadores de ruido, como la TV, internet, los videojuegos, etc. Es decir, los melómanos tenemos que adaptarnos a lo que hay, negociar lo que se pueda y, sobre todo, conseguir la mejor experiencia sonora posible compatible con todos los habitantes de la vivienda, no tan atentos a la reproducción del sonido como nosotros.

En estos breves textos trataremos el caso de salones rectangulares, de unos 25-30 metros cuadrado (razonablemente habituales en nuestras viviendas), con alturas libres comprendidas entre 2,50-2,70 metros, con ventanas/huecos, con una correcta iluminación y ventilación natural y, evidentemente, puerta/s de acceso. Partimos de la premisa de que nuestro salón no es un espacio dedicado solo a la música en el que podamos implantar medidas de corrección acústica radicales.

 Conceptos a desarrollar

No vamos a hacer crítica de equipos, pero si expondremos las situaciones de reproducción que son más habituales en entornos domésticos. Evidentemente, mientras mejor sea el equipo, mejor sonará, pero llega un punto en el que el incremento de calidad y precio no se traduce en mejora de la calidad sonora, y en esto tiene algo/mucho que ver la acústica.

Hablaremos del tiempo de reverberación, de la calidez, del brillo, de la claridad musical y algunas otras cuestiones sobre las que podremos influir. Propondremos algunas soluciones que pueden mejorar la percepción y la experiencia sonora sin generar (pensamos y esperamos) conflictos familiares. Pero también trataremos otros aspectos que consideramos importantes para el mayor disfrute de la reproducción sonora, y que están en nuestra mano sin operaciones complejas, como la temperatura de color de la iluminación del ambiente en el que la escuchamos música.

Somos conscientes de la dificultad y limitaciones de las recomendaciones que les haremos, pero ello no nos desanima. En resumen, se trata de disfrutar de la música, y de que la experiencia sonora en el salón de nuestra casa sea la más satisfactoria posible.

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